sábado 18 de julio de 2009

HIPERTEXTO Y FIEBRE PORCINA

Según el Wikipedia "Rebelión en la granja (en inglés Animal Farm, 1945) es una novela satírica de George Orwell acerca de un grupo de animales en una granja que expulsan a los humanos y crean un sistema de gobierno propio que acaba convirtiéndose en una tiranía brutal". Independientemente de si los animales expulsan a los humanos, o si los humanos entregan la granja a los animales para que la gobiernen, lo que parece paradigmático es el hecho de que tanto en aquel entonces como ahora el arquetipo del cerdo destaca como signo de crisis. ¿Estaremos en el año chino del cerdo, sería Orwell algún tipo de hierofante, hipertextualidad extradiegética o, como siempre, la realidad simplemente ha demostrado superar la ficción una vez más? Cierto cinismo incómodo se percibe de la pregunta antes formulada lo que hace de la misma una ironía de tono agrio y, ultimadamente, mal lograda. De tal manera, por justicia tanto política como estética, sería menester replantear el problema como estado de cosas desde la heideggeriana pregunta que pregunta por ¿A quién le importa la Fiebre Porcina?

viernes 10 de julio de 2009

A - FOR - ISMOS


1. Lo único que lamento de mi juventud es el haberla tenido que vivir a temprana edad.

2. La poesía le permite al Ser la experiencia de aquellas cosas que la filosofía aun intenta explicar.

3. En Cioran el suicidio parece ser contingente al instante en que la decepción se vuelve ideología. ¿Será esto kairológico?

4. Irónicamente hay quienes pasan su vida entera filosofando sobre la Nada para cuando estén completamente convencidos de entenderla poder negar la existencia de Dios.

5. Los filósofos son los más fervientes teólogos de la Nada. Su fe los mueve apasionadamente a la contemplación de un… ¿posible?

6. «En el principio fue el verbo»… curiosamente el silencio guarda cierta consustancialidad con la intemporalidad.

7. Porque ninguna producción humana propende al vacío, la palabra siempre será un intento por la vastedad, contra la vastedad.

8. «Y la verdad os hará libres» -dijo alguien en cierto momento. Desde entonces los grandes pensadores de Occidente se han empeñado, unívocamente, en rechazar la utilitariedad del conocimiento.

9. Un fumador, como analogía del libre albedrío, es evidencia irrefutable de la justicia divina. Morirás; pero no por accidente.

10. Somos esclavos de lo que sabemos; aunque no lo digamos.

11. «El que calla otorga»; y el que dice concede lo que aún no le ha sido pedido.

12. «Los niños son el futuro del mañana»; que pena que lleguen a él tan viejos.

13. La cátedra es el opio de los intelectuales.

14. En algunos libros las palabras son como mariposas en el escaparate de un entomólogo.

15. No toda contradicción necesariamente constituye un defecto de la idea sino la posible prueba de una deficiencia del lenguaje.

16. Cada vez me siento más seguro de mi ignorancia que de las cosas que conozco.

17. Castiga con mordacidad el éxito de otros o en el futuro te harán saber que eres un mediocre.

18. La literatura nacional como propuesta literaria se ha convertido en la siempre crónica de un libro de texto anunciado.

19. Como evasión a la discusión estética (digamos filosófica; epistemológica, tal vez) todo acercamiento crítico a nuestra literatura se ha vuelto sociológico o antropológico. ¿Habría que preguntarse si la descolonización es una opción real? ¿Seremos la colonia que se repite?

20. En nuestro devenir –colonia al fin– vivimos la espera como víspera eterna de un caudillo.
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21. Soy un poeta accidental. Irremediablemente las palabras hablan por mi.

lunes 22 de junio de 2009

LA EXPERIENCIA IRREDUCTIBLE - Yván Silén


La Experiencia Irreductible (fragmento)


¿O cual es el sentido de la ideología? ¿El sentido del poder? ¿O hay en el sentido de la ideología un sentido oculto, un sentido buscado que repercute dentro del texto como valor de uso, como necesidad que pertenece al hombre? ¿O es que el sentido oculto de la ideología es “esa experiencia irreductible” de la que habla Soller. A nosotros nos parece que es esa “experiencia irreductible” la que nos devuelve a nosotros mismos a través del texto como una fiera para afirmar en la página ese sentido oculto que resuena en la costumbre de lo mismo como extrañeza, como símbolo donde lo idéntico se siente como símbolo del sueño, como ruido de alguien en la escritura: el texto se anuncia a sí mismo como sueño: posibilidad de ser el imposible que anuncia: la “experiencia irreductible” como imposible en la posibilidad del texto (“como libro que vendrá”) para que lo idéntico se sienta como imposible: razón donde la razón se siente irracional, se siente sorprendida: el texto anunciado como necesidad psicológica y onírica. ¿El texto como destino? ¡Sí, el texto como haciéndose! El autor como creador del destino de su texto, pero el texto –ahora como lo idéntico, como “experiencia irreductible”– como creador del destino de su autor: el destino del texto es la creación del traidor: el autor como paria de la ideología, y por la misma razón, el texto como crimen.

Una experiencia que no se entregue a la ideología, pero que no proponga ninguna ideología: un texto como inútil: como mercancía inútil. Un texto que sea una sodomización de la madre para cada lector: una pesadilla de la escritura: una escritura que pertenezca perversamente al inconsciente. Tal vez este sea el único lugar donde podamos destruir la ideología en nosotros mismos. Sabemos que la ideología posee el lenguaje, pero el lenguaje debe poseer –como terrible– para instaurar un escándalo: ¡que toda ideología es una cárcel!

El texto recogido. El texto retirado de todos los escaparates del futuro será el texto que soñó –bueno, lo sueño yo y eso baste como delincuencia; baste como valor de uso– que soñó Mallarmé, que soñó Blanchot, pero no como suma de texto, aunque sea suma de texto, sino como rompimiento. Un texto que sea como Baudelaire en la poesía, o como las “Damas de Avignon” de Pablo Picasso en la pintura: texto de quiebra y para la quiebra. Un texto peste, un texto que se reconozca como muerte.

domingo 22 de marzo de 2009

LIZZA FERNANDA ENCORE

Gracias a todos los que llegaron a la presentación y especialmente a los amigos Francisco Font, Edgardo Nieves Mieles, Federico Irrizarry, Amarilis Tavares, Juan Carlos Quiñones, Xavier Varcarcel, Ángel Antonio Ruiz Laboy, Carlos Roberto Gómez Beras y Luis Negrón. Por la solidaridad, un aplauso para ustedes.
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LA PROMO.

LLENO TOTAL.
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UNA DIVA.
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EL CEREAL KILLER.
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EL COPISTA.
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MINUCIUS "THE BUILDER".

LA DRA. COLÓN.
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LA CHERRY DEL SUNDAY.
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JUANQUI "YOU CAN GYRE, YOU CAN DANCE".

FRITS Y EL C@PY, COSMO Y CAOS. EL BALANCE PERFECTO.
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ESTOY ESCAPÁ DEL TRABAJO PERO NADIE LO SABE.

EL COPISTA Y LIZZA (LF) FERNANDA A QUIEN ADMIRO. QUE TODOS TUS CUMPLEAÑOS ESTEN LLENOS DE BENDICIONES. GRACIAS POR TI ¡FELICIDADES!

miércoles 18 de marzo de 2009

Casquillos por Lizza Fernanda

(Pulsar la foto)
El Dr. Luis Felipe Díaz, catedrático de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras, se ha destacado como crítico literario y trasformista. Su alter ego, Lizza Fernanda, deleitará al público con varias interpretanciones musicales, además de entrevistar a los escritores Rafael Acevedo, Elido La Torre, David Capiello y Mayda Colón. La primera vez que Lizza Fernanda estuvo en Librería Mágica, fue un éxito total. No bien había terminado la noche, cuando los asistentes preguntaban por la próxima actividad con Lizza. La realidad es que el comentario y la crítica literaria nunca fueron tan divertidos.

domingo 15 de marzo de 2009

DIÓGENES - GATILLERO CÍNICO


Diógenes escribió varias obras, probablemente en forma de aforismos, que se han perdido. Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento; otros que falleció por las mordeduras de un perro; y otros que murió como consecuencia de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda.


Wasabi


Yo soy el camino
la verdad y... el sushi.
(Op. Cit. Diógenes).

sábado 14 de febrero de 2009

LOS DIÁLOGOS DEL HUEVO

En espera que en cuestión de derechos tanto la Iglesia como el Estado entiendan que, como autoridad moral, fue el mismo Cristo quien dijo: “al César lo del César, y a Dios lo que es de Dios”; El Copista quiere dedicar estas líneas en muestra de amor y amistad a sus amigos: Héctor, Carlos, Daniel, Amarilis, Alfredo, David Caleb, Jaditza, Luis, Christian y al amigo Hiram por la maravillosa experiencia del diálogo. A los demás un feliz Día de la Amistad. Para todos, estos fragmentos rescatados de una conversación con algunos amigos de la comunidad gay y otros no tan gay.


Cuando yo utilizo una palabra -dijo Humpty Dumpty, en un tono bastante sarcástico- ella significa justamente lo que yo decido que significa, ni más ni menos. La cuestión es -dijo Alicia- si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes. La cuestión es -respondió Humpty Dumpty- quién ha de ser el Amo, eso es todo.

Alicia en el País de las Maravillas- Lewis Carroll


I. La seudo esfera pública.

Bueno, pues ya que la cosa va por la línea de las corbatas y los portfolios tengo que añadir un detallito. No con la intención de disentir sino con la intención de complementar, aportar, añadir; dialogar (es más divertido que tener la razón; y sí hay algo de polémica oculta en el comentario). Hay un asunto que siempre me ha parecido interesante con respecto a si realmente se democratizan los espacios mediáticos o la “seudo” esfera pública o virtual (post-habermassiana). Se trata de una cuestión de aspecto sociosemiótico a la que le llamo micro comunidades hermenéuticas. En éstas, por ejemplo el blog, se dan discusiones en las que se negocian tanto los acuerdos como las contingencias con respecto a dinámicas de equilibrio interno de la misma comunidad, la cohesión de grupo e incluso propuestas de identidad a tono con el fluir de las necesidades a través del momento histórico. Ok, toda esta mierda para decir que quisiera llamar la atención sobre el prefijo micro. Es decir: planteo la situación de que los blogs están funcionando como los salones literarios o como los museos en los que se momifica toda una semiosfera que ya no cumple con la función que los originó. Algo de lo que Garcia Canclinni llama institucionalización de las vanguardias, quizás, unido a algo de ombligismo vedetista y tal vez un poco de onanismo intelectual. El problema está en que dentro de la micro comunidad hermenéutica se da la sensación de negociación precisamente porque constituye una comunidad pero esto no necesariamente significa o implica democratización ni apertura, ni la suficiente madures como entes socio-jurídicos para primero: plantear la posibilidad de dinámicas inclusivas más allá del cerco hermenéutico y, segundo: tampoco implica la suficiente madures como sujetos o entes socio-jurídicos para manejar tanto los complejos, resentimientos o prejuicios como para evitar la autoexclusión que ha llevado a fenómenos contra-sociales como las comunas lésbicas anti-hombres como manifestación de feminismo, la intolerancia del “black power” fundamentalista como manifestación de igualitarismo o los diferentes discursos que la autoexclusión pueda generar que si bien son entendibles, no necesariamente son justificables.


II. Tomar o no tomar, he ahí el meollo.

A. Neftalí Cruz Negrón (en broma) dijo:
¡Me maravilla cuánta energía perdida! Jejejeje.

B. El Copista Calisténico (en el mismo tono) contestó:
Ostia tío, si hablo mierda es malo, y si la adorno también. No hay quien los entienda. […] Así que al jilipoyas que no le guste, a tomar po’l culo pues. Venga. (Dado que la invitación anterior no tomó en consideración que los defectos de un mensaje pueden ser nuestros defectos como receptores del mismo, luego de un conato de linchamiento, obviamente, fue necesario que El Copista argumentara un poco más… a profundidad.)


III. El cuarto propio.

Bueno antes que nada hago una aclaración. Si la palabra culo no es más que una palabra a ser semantisada por el contexto discursivo (que en la escritura está ausente de la extensión del lenguaje que implica el “body language”), si tomar po’l culo es rico (cosa que no puedo refutar ni me interesa corroborar como tampoco contradecir), y si tener culo no es algo exclusivo de la comunidad gay (aunque me temo que sí uno de los vicios del empoderamiento como lo ha sido para la comunidad hétero el agarrarse los huevos), entonces no veo la ofensa. Aun así me excuso con los interpelados por quienes hayan asumido el discurso como uno ofensivo. Eso si, me excuso por el descuido y no en cambio porque asuma la responsabilidad de los presupuestos y prejuicios con los que se establezca la “posible” comunidad hermenéutica que pueda resultar de este diálogo. Ahora bien, si este no es un claro ejemplo de lo que ya mencionaba en el comentario antes emitido (I. La (seudo) esfera pública), al menos da el espacio para plantear algunas cosas que sí me parecen enriquecedoras.

En mi caso particular, y para los amigos que me conocen y a quienes amo incuestionablemente (Héctor, Carlos, Ama, Daniel, Caleb, Alfredo, Jaditza… la lista se hace interminable), quisiera plantear el hecho de que más de un 80% de mis amigos son gay. A esto añado la interesante situación de que en muchas de las ocasiones en que dialógo me he encontrado articulando un discurso que muy bien responde a dinámicas lingüísticas de empoderamiento que, si por una parte, no responden a una realidad gay en mi persona, sí responden a un empoderameinto lingüístico que entiende que no hay manera de encontrar una real representación jurídica (de derecho) como marginalidad, minoría o meramente como entes jurídicos si no se tiene la capacidad de romper con las trampas de un lenguaje históricamente impuesto y ponderado por un sector dominante. Reconozco (no soy ingenuo) que la tarea es difícil pues el lenguaje está cruzado por cargas semánticas inseparables a nuestra experiencia (condición humana, presupuestos, prejuicios) pero no intentarlo sería lo mismo que ampliar “El Cuarto Propio” virginowoolfiano, que Aurea María Sotomayor identifica en su libro “De lengua, Razón y Cuerpo” en defecto de los movimientos feministas primer mundistas, y que nada aporta a una real inserción de las minorías dentro de la esfera pública como resultado de una gestión ya crítica y no resentida. Se trata de una incursión jurídico-representativa dentro de la CASA y no de seguir agrandando la automarginación del CUARTO PROPIO.

La historia ha “condicionado” con mucha razón una actitud contestataria por parte de comunidades marginales o más bien marginadas. Pero no puede “determinar” que esta sea la pauta del desarrollo de los discursos sin representación a un nivel macrosocial. Todos los movimientos sociales han pasado por una primera instancia resentida en que lo más importante, y el mayor logro, ha sido romper las serraduras del cuarto en el cual se encontraban enclaustrados. Esto es lo que esencialmente representa “Stonewall” en el 1969 para la comunidad gay. Pero una segunda etapa crítica es necesaria para no caer en el resentimiento eterno de la automarginación. Uno de los más hermosos ensayos para explicar la situación lo es el libro “Diferentes, Desiguales y Desconectados” de Nestor García Canclinni. Este plantea las obvias diferencias que componen nuestras sociedades desde la necesidad de reducir las desigualdades para no caer en la desconexión que implica tanto por un lado la marginación como por otro la automarginación. Estoy de acuerdo contigo Hector, queda pues de parte nuestra ver que tan dispuestos y aptos estamos para romper con los prejuicios y no hacer de este diálogo otro “círculo de apoyo” al que no pueda entrar el hétero precisamente por no ser mariconsito y que encima tenga la osadía de articular dinámicas discursivas de empoderamiento que ahora los gays articulan ya no como minoría sino como una marginalidad gravitante o como otro centro que simplemente a aprendido a trasladarse o más bien ampliar su cuartito. Me parece que el discurso es más importante que el registro discursivo pero si el problema se encuentra en el registro, entonces renuncio al empoderamiento cínico-irónico-paródico-polémico y seamos políticamente correctos. Como lo pretende nuestra democrática sociedad.


IV. El ghetto virtual.

No trato de convencer a nadie, cada cual tiene la responsabilidad de llegar a sus conclusiones con la misma seriedad y compromiso con que he estado aportando a la conversación. Sólo planteo una realidad irrefutable. Disentir por disentir es divertido pero creo que esto es más serio que el mero juego tangencial de hacerle de abogado al Diablo. Decir que, “Los blogs son un espacio más para la libertad de expresión” y que eso “es todo” (Hiram) me parece tan irse por la tangente como el absolutismo de postular que eso “es todo”. Libertad de expresión sin construir (o luchar) una comunidad hermenéutica como receptor del mensaje es equivalente a “loros que parlotean sin que se les escuche”. No creo innecesaria la artificialidad (y no puerilidad o nimiedad) de pretender una discusión dentro de un foro de crítica social y política más amplio, democrático y menos ingenuo. A fin de cuentas, y si aceptamos que “cada autor le atribuye la función que decida” (Hiram), este no es un diálogo sobre los medios sino sobre la finalidad y el uso, apropiado o no, que se le pueda dar para alcanzar esa supuesta artificialidad que se le adjudica o atribuye al mismo. De otra manera la palabra “función” sobra en la aseveración anterior.

Libertad de expresión ¿para qué? cabría preguntarnos entonces. Democratización es una palabra grande, pero si de algo estoy seguro es de que es mucho más que la mera sensación de participación en un blog o tertulia entre panas si a fin de cuentas cuando nos van a freír sólo podemos escoger la salsa en la que nos van a marinar. Pero si esa es la única salida conformémonos con las muestras de afecto gay sólo dentro de las discotecas gay porque al menos tenemos un espacio, sigamos sufriendo dos horas de entrevista como la que se le hizo a Danny en ocasión de la publicación de su novela “Conversaciones con Aurelia”, y en la que la palabra gay fue sustituida por el eufemismo de “condición” (pues aparentemente la discusión era sobre literatura y no sobre el gesto político y la sexualidad que la genera). Sigamos ampliando “El cuarto de atrás” (diría Carmen Martín Gaite) para poder tener al menos “Dos centímetros de mar” (diría Carlos Vázquez) como sensación de libertad y aceptación entre los nuestros o, como dijera una carta del General Patton en ocasión de nuestra invasión por parte del pueblo americano, una democracia como ejercicio de libertad que sea, y parafraseo, “compatible con el concepto de libertad del sector dominante”.

Democracia no es apropiarse de los medios (ya que ni siquiera agrandamos el cuarto propio, sino que nos apropiamos de el del vecino), sino insertarse en ellos y lograr convivir con la diversidad contenida en esos medios. De otra manera para los blogs habrá que crear un concepto dentro del lenguaje cibernético que denote el equivalente para el concepto “ghetto” como analogía del resultado de lo que sucedió cuando los negros, latinos y clase baja obrera se apoderaron de los entornos urbanos de las grandes metrópolis.


V. Libertad de expresión.

Estoy completa y totalmente de acuerdo contigo Hiram… disentimos profundamente. Cuando comentas: “apoyo 100% la libertad de expresión, sin más, sin propósito, Zen, ‘for the fuck of it’, sólo porque debe existir, y en ese sentido la blogosfera no necesita otra razón de ser”, me haces recordar una historia, por cierto ZEN, que a modo de proverbio plantea una pregunta que se presta para interesantísimas digresiones filosóficas.

La pregunta dice: Si en medio del día un árbol cae a mil leguas de ti dentro de la espesura del bosque, ¿hace ruido?

La contestación es obvia… ¡claro que hace ruido! Pero la digresión filosófica que pretende el maestro con esta pregunta va mucho más allá de un simple: “claro que hace ruido”. De otra manera el maestro no hubiera perdido su tiempo preguntando al alumno una cuestión que a todas luces parece ser obvia.

Si observas con detenimiento la historia no trata sólo del árbol; trata también de la libertad del árbol por caerse a la hora y en el lugar donde se le pegue su maldita gana. Pero por otra parte también trata de algo tan importante para la especie humana como lo es el otro (ya sea observador u observado). Tan importante que, incluso más allá de toda objetividad, la ciencia ha tenido que reconocer que en el universo no hay observación fenomenológica sin un observador. Gracias a eso la mecánica cuántica no ha tenido ningún reparo en poner los fenómenos en contexto del que los observa. A tal razón, si volvemos al arbolito, la proverbial historia también plantea una relación de causa y efecto consecuencial al detalle de que no sólo el árbol cae, sino que cae a mil leguas de “TI”. Esa inclusión del observador es lo que abre un simple cuento anecdótico a las posibilidades de toda una digresión filosófica sobre la realidad y como esta afecta nuestro devenir dentro del contexto de las relaciones humanas como parte de un proceso de comunicación, emisión y recepción del mensaje.

En nuestro caso, trayendo la discusión al ámbito de la escritura, los medios de comunicación y la libertad de expresión, quisiera apuntar algunas consideraciones que me parecen pueden ser de tu interés. Humberto Eco en su libro “Apostillas a En Nombre de la Rosa” dice que, “Escribir es construir, a través del texto, el propio modelo de lector”. Por otra parte en el libro “Posiciones”, Jacques Derrida plantea que:

“la ‘lengua usual’ no es ni inocente ni neutra. Es la lengua de la metafísica occidental y transporta no sólo un número considerable de presuposiciones de todos los órdenes, sino también presuposiciones inseparables, y, por poco que se preste atención, anudadas en sistema”.

De manera que no sólo se construye el propio modelo de lector, interlocutor, o receptor del mensaje, sino que todo acto de expresión presupone e implica, más allá de la recepción, una agenda por la cual se emite el mensaje. Mikhail Bakhtin cuando planteaba sus conceptos de polifonía, heteroglosia y dialogismo no hacia más que reconocer que todo acto del lenguaje como parte del ejercicio de la comunicación (y del cual es inseparable) se da, tiene, constituye y es (de ser: como parte de esa analítica existenciaria del ser-ahí haideggeriano) entonces, y si, y sólo si es como finalidad, en si mismo en tanto acto de comunicación. Por tal razón el lenguaje siempre es dialógico. Tautológicamente. Independientemente de si lo entiendes o no “sin más, sin propósito, for the fuck of it”. Entonces, la libertad de expresión no sólo es libertad, sino que es “DE EXPRESIÓN”: es enunciación con el propósito y objeto de establecer la comunicación.

En cualquier acto del habla o de la escritura, para la lógica bivalente, un enunciado es la expresión lingüística de una proposición. En otros términos, se trata de una oración enunciativa, que afirma o niega algo, y que, en lógica bivalente, sólo puede ser verdadera o falsa. Pero más allá de eso, y atendiendo lo que nos interesa a ti y a mi, Bakhtin comenta que:

“Everything means, is understood, as part of a greater whole –there is constant interaction between meanings, all of which have the potential of conditioning others, which will affect the other, how it will do so and in what degree is what is actually settled at the moment of utterance. This dialogic imperative, mandated by the pre-existence of the language world relative to any of its current inhabitants, ensures that there can be no actual monologue”.
“[…] language is inherently dialogic: every utterance actively and equally responds to other utterances and equally shapes itself in anticipation of an addressee’s response”.

Lo que quiere decir que, El lenguaje es el resultado de una respuesta a una expresión o enunciado y su propósito es comunicar, denotar y anticipar otra respuesta. El lenguaje presupone la interacción entre por lo menos un narrador y un narratario; es decir: un emisor y un receptor. La expresión, enunciación o el lenguaje en si mismo constituye una operación lingüística que establece relaciones particulares entre “voces” (enunciados) individuales o colectivas, formando el diálogo. Por lo tanto no hay libertad de EXPRESIÓN o enunciación sin propósito, or just “for the fuck of it”.

Planteando ahora la libertad de expresión como una cuestión democrática tengo que por conciencia (crítica) y por obligación (ética) plantear el hecho de que la democracia no es obviamente anarquismo (sin adjudicarle las cargas semánticas negativas que suelen acompañar esta palabra), pero es que ni siquiera llega al igualitarismo o libertarismo (para quienes prefieran el eufemismo). Siendo menos ingenuo de lo que suelo ser, eso me lleva a la ineludible conclusión de que como sistema institucionalizado la democracia tiene que por definición observar unos parámetros que contemplen las posibilidades del ejercicio de la libertad y que siempre estarán determinados por el sector dominante. Muchos plantean, por dar un ejemplo, que el arte no debe ser subeditado a ninguna finalidad. Pero incluso quienes producen arte por el arte, or “just for the fuck of it”, lo hacen porque su finalidad lo es el arte mismo como ejercicio de libertad; es decir: por un COMPROMISO estético. De manera que incluso el arte en su ejercicio de libertad se subedita a una ética de la estética como agenda política.

Pregunto entonces: Si un gay en su ejercicio de libertad de expresión es apaleado a mil leguas de ti en medio de la espesura de la urbe, ¿se escuchan los golpes?

Les regalo un poema del libro Kitsch de Federico Irizarry Natal:

Imago Mundi

Entre el poder extremo
y la masturbación

no hay diferencia alguna
el hombre termina

ejerciendo su soberanía

a solas.

Me tomo el atrevimiento de pedirles que sustituyan la palabra “poder” por la palabra “libertad”.

Un abrazo FRIENDLY GAY,
El C@py

viernes 23 de enero de 2009

RESEÑA: La mala educación del Copista Calisténico por Francisco Font Acevedo



Tomado de: Legión Miope
Enero 19, 2009 por elmiopemayor

Por Francisco Font Acevedo


Casquillos (Aventis, 2008) de J.D. Capiello-Ortiz, alias el Copista Calisténico, ejerció una doble seducción para el severo lector que habitualmente soy. Mi primera lectura, por fuerza superficial, desarmó la seriedad cetácea que generalmente asumo ante el discurso poético. Para mi desconcierto y gozo, aprecié el tono de desparpajo, su decir ocurrente y maleducado (sin pleitesías con nadie ni consigo mismo) y la fluida legibilidad de su discurso. Mi segunda lectura, más detenida y concienzuda, no pudo menos que admirarse de la inteligencia de su estructura y de la coherencia de su propuesta poética. Así gozo y aprecio intelectual se fundieron para trabar una grata y sustantiva experiencia de lectura. Esta razón me ha bastado para querer compartir algunos apuntes de lectura que, aunque el texto a continuación lo desdiga, tuvo un matiz primordialmente gastronómico.Al que lea, buen provecho. Y al que abandone el texto, puede mirarse en el siguiente “Espejo”: “La arrogancia de unos / no es más que un reflejo al negativo / donde se proyectan las miserias / y el ego herido de otros” (pág. 55). Una cortesía del Copista Calisténico.

1

En el prólogo de Casquillos, Federico Irizarry Natal señala con acierto que en su conjunto los textos de este poemario pueden leerse como “una suerte de bitácora de viaje”. El tropo del viaje, común en la poesía y la literatura en general, en Casquillos toma la forma de una bitácora integrada por textos cortos, tributarios de la poesía minimalista. Lo particular es que en ésta no se consigna el gesto de un hablante poético que busca fundar su voz y su experiencia, propio del diarismo o la poesía lírica. El viaje no es introspectivo, sino desenfadadamente extrovertido, a lo largo del cual el hablante poético denominado como el Copista Calisténico (CC), cual un bufón deslenguado, consigna su lectura, casi siempre burlona, de diversos textos culturales. Las escalas de este viaje transtextual son: el Parnaso de ciertas tradiciones literarias (la sección denominada “Homenajes”); la utilería poética y cultural (denominada “Gadgets”), y cierto mausoleo honorable (“A for Ismos”), donde se asumen paródicamente algunos metarrelatos culturales que sobreviven en la actualidad.Estas tres escalas del viaje del CC están antecedidas por un prolegómeno titulado “Tríp(tico)” conformado por tres poemas. En éstos el hablante poético sintetiza lo que leo como un contrato de lectura que anuncia al lector los motivos medulares y más recurrentes en las siguientes etapas del viaje. En “[ ]oda a la crítica”, el CC, con ademán irrespetuoso, no canta a la crítica, sino que la infantiliza al recordarle los criterios caprichosos del gusto (“malo y feo”) aprendidos en la niñez. Con esto, como bien destaca Irizarry Natal, la oda se transmuta en joda y se desincentiva la pereza crítica que se arrima demasiado a las veleidades de un presunto “buen gusto”. En “Homo ludens”, el CC explicita su voluntad lúdica y, discursivamente, mediante la inversión de un dicho popular (ponerle el cascabel al gato), anuncia la intención carnavalesca de arrugar la almidonada gravedad adscrita a los discursos culturales. El último texto “Aforismo”, mediante el paralelismo del “a -” (”Normal, a - normal”) anuncia lo que prospectivamente será la culminación del texto, esto es, la diseminación paródica y entrópica de varias ideologías culturales y cualquier asomo de estética vanguardista. Leo, pues, los textos de “Tríp(tico)” como una metonimia del resto del poemario. Basta leerlos para cerrar el libro o para entusiasmarse a proseguir. Con esta degustación inicial, especie de aperitivo del buffet que le sigue, se previene al lector, sucesivamente, del desdén del CC por la honorabilidad que presuntamente otorga la crítica veleidosa, del tono lúdico que anima su viaje de lectura y del afán, bajo la máscara de bufón, de decir ”impropiedades” sobre varios discursos culturales anquilosados.

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“Homenajes”, la segunda sección de Casquillos, está construido como un diálogo con varias tradiciones literarias. El lector puede dar por seguro que no hallará en estos homenajes placas conmemorativas ni arreglos florales. Decididamente intertextual, la estrategia del CC es la del saqueador impune. Los textos están animados por el juego, el chiste bufo, muchas veces la pulla alevosa. Baste como ejemplo, para quienes conocen el ícono riopedrense del Che Meléndez y su consabido antiacademicismo, el texto “The(saurus) Rex”: “¡Che! / Qué chiquita / te queda la academia” (pág. 24). O esta desaturación etílica del gravoso Vallejo de “Los heraldos negros” titulado “Black Labels”: “Hay lunes en la vida, tan fuertes… / Yo no sé” (pág. 25). Sin eludir la autoparodia, el CC rinde otros sabrosos y equívocos homenajes a sus partners in crime (los escritores surgidos de la revista El Sótano 00931), así como a las figuras de Iván Silén, Nicanor Parra, Vicente Huidobro, Luis Palés Matos, Kobayashi Issa, José Luis González, entre otros. De esta forma, el CC produce una relectura desoxidada de las diversas tradiciones representadas por éstos y, hasta cierto punto, anuncia el fin de su aprendizaje poético. Esto último lo leo particularmente en los micropoemas “Selección Múltiple” y “Selección Múltiple II”, en los cuales el texto adopta la estructura de ese ejercicio de examen y el hablante poético, invariablemente, selecciona “todas las anteriores”.

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En “Gadgets” el CC apunta y dispara su verbo contra la utilería literaria que activa los resortes del sistema literario y el contexto cultural en que se produce. Como en “Homenajes”, domina un tono desenfadado. Sin melindres, lo mismo subraya el carácter mercantil del libro –“aquí sólo vendemos literatura / el prestigio / se lo dejamos a la academia” (pág. 35)– que ridiculiza la intelectualidad académica como un hallazgo arqueológico en “Carbono 14”. En esta parte se discierne, además, un gusto por desarticular nociones neorrománticas de la poesía mediante la interposición de imágenes prosaicas. De ahí que la poesía sea una “rasuradora eléctrica / de quien intenta cortarse las venas” (pág. 36) o que, en respuesta a los versos líricos de Julio César Pol (“Tus senos son la poesía / todo lo demás es cuento”), sugiera explorar “las posibilidades / de ponernos prosaicos” (pág. 50), versos que se leen como burdo convite erótico y resignificación del poema lírico como artefacto antipoético. Cónsono con este “despropósito”, el CC disemina un puñado de textos donde revela una actitud escéptica hacia el amor (como crianza de cuervos en “Te sacarán los ojos”, pág. 44) que se cristaliza en cinismo erótico, como en el poema “Vitae Mortem Ludens”: “Por ti muero / en ti me entierro / para ti… / todo un sementerio” (pág. 46). Así el discurso intimista, propio de la lírica, se desarticula y deviene artificio lúdico en manos del hablante poético, cuya subjetividad es una especie de trompe d’oeil de cartón piedra, el escenario para activar un maleducado decir ventrílocuo. Si, como indica en el poema “¡Pst…! ¡Poetas!” las alternativas son “ser un pequeño dios” a lo Huidobro “o un grandísimo demonio” que todo lo subvierte, ya sabemos que el CC no anda armado con un revólver, como sugiere el título Casquillos, sino con un tridente.

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“A for Ismos”, la última sección del poemario, constituye el destino último del viaje de lectura del CC. Habiendo pasado por los homenajes paródicos y la desacralización antipoética de la literatura, el arte y sus mecanismos de significación, el CC apunta su tridente hacia las ruinas de ciertas vanguardias culturales e ideológicas. Materialismo histórico, feminismo, posmodernismo, capitalismo, idealismo, todo lo que huela a solemnidad y grandilocuencia es desflecado por el travestismo jodedor del hablante poético. Ningún muñeco queda con cabeza, ni siquiera el mismo CC. Así lo leo en “MinimalIsmo”, donde parodia su propio discurso e ironiza sobre el posible destino de Casquillos: “Un texto / que es tan pequeño / que cabe en cualquier zafacón” (pág. 73). Es justamente en esta última sección donde muestra con mayor claridad su ars poética: “Un gatillero no es / quien deja casquillos sobre el suelo, / sino quien entiende / que sólo se aprieta el gatillo” (pág. 74). En esta metáfora del poeta como gatillero, el CC hace patente que la poesía, como todo texto literario, es en realidad una coproducción de significados en connivencia con el lector. El poeta dispara y el lector traza y significa la dirección del proyectil. Pero incluso este tácito contrato de todo texto se subvierte con el final abierto del libro: una invitación al lector a escribir sus propios “casquillos”. Si se acepta o no esta invitación, en el libro quedará el resto de los casquillos como evidencia de una conspiración significante.

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Al óxido tradicionalmente solemne del discurso poético, Casquillos opone el valor lúdico como instrumento crítico de la poesía. Invita a una relectura desinhibida de la tradición, un saqueo de ésta, como si el hablante poético -y por extensión, el lector- fueran depredadores dispuestos a comer con las manos (sin modales ni modelos autoritarios) del buffet de la literatura y sus irradiaciones culturales. Esto se logra mediante el uso guiñolesco del hablante poético, el Copista Calisténico, cuya creación tuvo origen en la bitácora Aventis (http://www.aventispr.blogspot.com/). Se trata de un ventrílocuo poético cuya “voz” quisquillosa, jodedora, a un tiempo paródica y autoparódica, desata una cruzada gatillera contra la seriedad y las convenciones artísticas que agravan y almidonan la poesía, la literatura y el quehacer cultural en general. De ahí que lea al Copista Calisténico como un exquisito bufón que hace de la apropiación textual (su dimensión de copista) un juego para regurgitar, como “estudiante” maleducado, un deportivo (y calisténico) itinerario deconstructivo. Casquillos, la cristalización de este gesto, consolida contundentemente un decir poético desalmidonado, desinhibido y gozoso. Así, J.D. Capiello-Ortiz (sin la oprobiosa tachadura en la portada del libro) logra que la poesía como arma o el poema como casquillo, aun en su oquedad, siga haciendo fuego.

Escrito en Fontada

lunes 19 de enero de 2009

GEORGE CARLIN - GATILLEROS #6 - MISANTROPIA 101 o FREE-FLOATING HOSTILITY

A los amigos que conocen al Copista no les extrañará que la misantropía y el cinismo que le distinguen aparezcan aquí en todas y cada una de sus variadas formas. Por tal razón el susodicho escriba advenedizo les regala, cortesía del gatillero Alberto Martínez Márquez, este videíto que bien pudiera ser, aunque en inglés, epítome de una respuesta al McOndo nuestro de cada día.

miércoles 7 de enero de 2009

AVENTIS #3 - LAS MANITAS DE JESÚS

El Copista regresa luego de unas largas vacaciones. Por ahora no más casquillos. En cambio les regalo un relato como homenaje a esos pequeños duendesillos que trabajan duro para que nuestro niños puedan lucir en sus ojitos la alegría de recibir un regalo el día de Navidad. (Nota: El Copista ha publicado este relato luego de las fiestas propias de la temporada para no afectar nuestra ya maltrecha economía).



Las manitas de Jesús


There is a woman in Somalia […]
She cries to the heaven above
There is a stone in my heart
She lives a life she didn’t choose
And it hurts like brand-new shoes.
Pearls Song- Sade


Cuando las manitas aparecieron en el barrio Caracoles lo hicieron como todo lo que a él llega. Como por el decreto inapelable de un simple porque sí. Lo hicieron como por obra y gracia de una redondez que parece gobernar el mundo. Porque el mundo es redondo. Porque da vueltas. Porque por virtud de eso mismo lo que hoy parece un punto ajeno y distante mañana pudiera ser la tierra que se quisiera quitar de los zapatos. Quizás por eso llegaron en navidad; por la inevitable sensación de encontrarte frente a una nueva vuelta remotamente ya conocida; ya olvidada. Así de pronto se encuentra uno mirándose a los ojos con la extrañeza de no conocerse, o mejor dicho, con la sorpresa de no haberse reconocido antes. Y así, como por el peso de una ley natural, aquellas navidades para Mateíto fueron el resultado de esa ineludible redondez.

Teíto, como cariñosamente le llamaban, había llegado a Caracoles luego que la abuela decidiera que sería mejor que Mamita y él vivieran con ella pues, según él, Papito tenía muchos nenes y la abuela ya no tenía ninguno. De manera que éstas serían las sextas navidades que pasaban con Margó. Sabía, a sus escasos nueve añitos, que era el hombre de la casa y que trabajar sería necesario.
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Los días se acortaban como es común en esa época del año pero en el barrio también se sentía ese aire de celebración que es costumbre de la temporada. Parecía como si el exceso de actividad fuera condición exigida para compensar la escasez de claridad. Margó ya sacaba las luces y los adornos, y Teíto le ayudaba mientras Mamita montaba el árbol artificial bajo el cual habían acomodado los regalos de las últimas cinco navidades. En el barrio los preparativos anunciaban las fiestas. Todo era parte de un proceso que terminaría con la noche del Niñito Jesús. Nochebuena. La ilusión se leía en los rostros, y recordar las navidades anteriores, en la medida que pasaban los días, se volvía conversación obligada en la casa.
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Teíto recordaba cómo, sin aún haber salido el sol hacía escasamente un año atrás, se sentaba en torno a aquel adefesio verde de alambres y abría los regalos mientras Margó y Mamita aún dormían. Siempre había obsequios. Así que no había ni la más remota duda de que este año también. Margó hacía historias de cómo el niñito Jesús dejaba regalos a los niños buenos que se arropaban con el cielo. Decía que Él mismo con sus propias manitas, en la noche de navidad, acariciaba las barriguitas de quienes tenían hambre viendo así como sus vientres se hinchaban y no sufrían más. Por momentos esto calmaba las preguntas que Teíto tenía sobre los morenitos que parecían buenos y que tanto veía en televisión. De manera que no habría razón para preocuparse. Aquel milagro de amor se cumpliría como en todas las ocasiones antes y como poco tendría una camisa y pantalón nuevos por lo cual todos sabrían que se había portado bien.
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Estas no eran las únicas historias que Margó contaba. También hablaba de cómo eran las fiestas cuando era niña. Ella lo sabía todo. Por ella Teíto sabía de cómo las piezas de ropa que se regalaban en tiempos de la abuela lucían los más nítidos bordados. También escuchaba de cómo los camioncitos, que eran de madera en aquel entonces, fueron cambiando por plástico. Con los años, las manitas de Jesús se hacían diestras y ya no era necesario pintar los juguetes a mano pues parecería que un batallón de angelitos ahora le ayudaba. Igual decía que de todos modos ya no valía la pena bordar. Se podía encontrar casi cualquier cosa sin tener que pagar mucho por ellas.
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Margó recordaba con entusiasmo cuando por primera vez vio una escalera que subía sola. Contaba que en vez de subir al siguiente nivel si te detenías sobre ella el segundo piso venía hacia ti. Y que toda una cadena de tiendas enormes como catedrales, pero sin el calor que en estas últimas hace, las tenían por todas partes. De esos enormes templos con escaleras que subían solas era que decía la abuela que el niñito Jesús traía los regalos que ponía en cada casa. Así que, unos cuantos días antes de nochebuena, Mamita y Margó fueron a ver lo que le pedirían para Teíto al Sagrado Niño para el día de navidad.
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Ya en las tiendas, verdaderas basílicas del comercio, Margó mostraba algunas piezas a Mamita pensando en lo bien que lucirían en su pequeño crío. De donde escoger no sería problema. “Made in Somalia”, “Made in Kenia”, “Made in Tanzania”. Todo cuanto se quisiera podría ser encontrado sin tener que invertir más que unos poquísimos dólares. Por cierto, la novedad del momento eran unas manitas que, a colmo de lo barato que era todo, venían incluidas con cada compra. O más bien eran el regalo para quienes hacían compras que excedieran cierta cantidad de dinero. Al menos eso contestaban en las tiendas cuando la gente regresaba preguntando por su procedencia. La realidad es que nadie sabía con certeza. De todas maneras no había mucho para gastar. Así que llegar a casa con unas de aquellas, más que un lujo, sería mero capricho.
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Claro es que siempre hubo quienes ya de vuelta en casa, de entre los bolsillos y dobleces de las prendas compradas, encontraran varios de aquellos amorenados ramos de cinco deditos. Cosa que no extrañaba a nadie pues gastar en misceláneas se hace práctica de mucho antojo por estos lares. Semanas antes de nochebuena podrías haber visitado hogares en que sólo manitas figuraban como adornos de navidad. Incluso, según el número de niños en cada casa serían los pares que adornarían alguna pared de la sala. Las manitas de Jesús, como les llamaban sin más apremio, habían arropado a Caracoles.
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Como era de esperarse, el misterio de un círculo perfecto se cerraba una vez más. El 25 de diciembre unos piecitos descalzos corrían por sexta ocasión, sin aún haber salido el sol, a través del pasillo en dirección de las tintineantes luces que anunciaban la epifanía de las pequeñas manos del Salvador.
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Al quitar las cintas y rasgar el papel Teíto sentía como un pellizco de ilusión regresaba a tensarle las mejillas. De dónde venían las cajas o su contenido era lo de menos; cosa de poca importancia. Sabrás, y aunque te cueste lo mismo que a mí entenderlo, el niño Dios seguiría poniendo con sus deditos todos aquellos regalos. De hecho, no hubo casa que no supiera de sus manitas y de aquel batallón de angelitos que hacían al mundo pequeño. Aquellas que lograban que llegaran obsequios desde los confines más remotos de Indonesia, Bangladesh, Burma y Malasia cumpliendo así con la misión para la que habían sido puestas en este mundo.
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Aquella mañana Margó y Mamita encontraron a Teíto durmiendo bajo el pino artificial con una sonrisa dibujada en su carita. Vestía sus nuevos regalos mientras descansaba como si en su sueño cientos de angelitos lo cargaran en sus brazos. El barrio Caracoles había sido, una vez más, arropado como por un milagro de amor, por una inmensa ola de obsequios. Eran tiempos difíciles pero al menos Teíto lucía, ya en su profundo sueño, la camisa y el pantalón nuevo que el niñito Jesús le había traído.
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Margó no entendía cómo el pequeño Mateo a sus tiernos nueve añitos se levantaba tan temprano. Tampoco pudo entender de dónde habían salido un par de pequeñas manchas en forma de manitas que la camisa nueva de Teíto mostraba en el pecho. No era costumbre de Mateíto salir sin permiso de la casa. Y sus manos estaban tan limpias como cuando lo habían acostado después de haber tomado su baño. Pero lo que nunca Margó ni Mamita hubieran podido entender sería el origen de unas manitas que habían encontrado en los bolsillos del pantaloncito nuevo de Teíto.
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Eran como de la más delicada porcelana o más bien como de una cera bien trabajada; como buñuelitos del color y la tersura del más fino caramelo. Mostraban con perfección de detalles todas y cada una de las arruguitas que una madre inspecciona en las manos de su recién nacido tan pronto como lo tiene en sus brazos. Incluso el detalle llegaba a la sensación. Bajo sus uñitas se encontraba esa tierra que las madres más cuidadosas quitarían con un palillo de algodón para no lastimar la ternura de su niño. Como decía antes, nunca… nunca… ni Margó ni Mamita hubieran podido entender de dónde provenía semejante creación. Y digo “hubieran” pues no fue salvo hasta la mañana del 26 cuando Margó, con lágrimas en los ojos, llamaba con desesperación a Mamita para que junto a ella, de pie en medio de la pequeña sala, como guiada por una honda sospecha, vieran en televisión… una vez más… aquellos morenitos que parecían buenos y que se arropaban con el cielo.
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Esta vez los arropaba el mar.*
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*A las manitas de Indonesia, Tailandia, Sri Lanka, India, Bangladesh, Burma, Malasia, Islas Maldivas, Somalia, Kenia, Tanzania y las Islas Seychelles muertas el 26 de diciembre de 2004. Ahora el mundo sabe que existían.